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  • “Solo en su celda, el preso está a merced de sí mismo; al acallar sus pasiones desciende hasta las profundidades de su conciencia… la celda no solo debe ser una tumba, sino también el lugar de la resurrección”. Esto no lo escribió el Indio Solari. Lo hizo el cineasta alemán Harun Farocki. Sin embargo, la cárcel tenía para los dos un significado parecido. Aunque no de modo explícito, ambos seguían reflexiones como las de Michel Foucault acerca de los cambios en las tecnologías penales. En su curso de los años 1972-1973, este filósofo señaló cuatro dispositivos sancionatorios junto a sus respectivas formas sociales: el exilio, como expulsión más allá de las fronteras y confiscación de bienes, típico de la sociedad griega; la compensación, en la que se convierte al delito en una obligación financiera, característica de las sociedades germánicas; la exposición, donde la marca y el signo visible sobre el sujeto castigado se tornan privilegiadas, situadas en las sociedades occidentales de la Edad Media; y el encierro, que surge en el siglo XIX por las mismas latitudes. Esto implica sugerir que si la prisión se transformó en un método punitivo dominante no fue por la progresiva humanización de la ciudadanía, sino como consecuencia de un muy complejo juego de intereses y condicionantes tanto políticos como económicos. En definitiva, el ámbito penitenciario posee funciones específicas dentro una sociedad como la capitalista: tolerar ciertas infracciones y reprimir otras, en particular las que cometen las siempre perturbadoras clases subalternas.

    Por su parte, el Indio Solari se interesó muy tempranamente por la cuestión carcelaria, y en las letras lo evidenciaba con su estilo mordaz: Barbazul versus el amor letal, Todo preso es político, Pabellón séptimo, son algunos ejemplos. En Toxi-taxi logra una definición realista, elaborada, pero accesible a todo aquel que la quiera escuchar: Te tenemos allí, abandonado allí, preso como un animal (como un animal feroz), así las cosas, la fiera más fiera ¿dónde está? Entonces, cabe hacernos la pregunta: ¿dónde estamos si se toma en cuenta la manera en que penalizamos a nuestros semejantes? Siguiendo los planteos del Indio Solari, estamos en un momento límite.

    Es sabido que la expresión bingo fuel, utilizada por él en su primer álbum solista, proviene de la aviación para definir situaciones en las que no se debe dilapidar combustible, de lo contrario el avión no podrá regresar a salvo. Cuando el Indio Solari alude al trato que soportan los encarcelados y se pregunta, lúcido, si la fiera más fiera está del lado de adentro o del lado de afuera de la prisión*,* advierte sobre los efectos del castigo, no sólo para quienes lo padecen directamente, sino para la sociedad en su conjunto, la cual corre el riesgo de desintegrarse si naturaliza que sus prójimos sufran ciertas vejaciones. La cárcel bingo fuel es una señal de alarma: no sigamos malgastando reservas morales porque quizá nos resulte difícil recrear vínculos compasivos. Más en concreto, evitemos transformarnos en unas fieras, así las cosas, el amor será aquello que pueda sanarnos todavía una vez más.

    De modo breve pero contundente, el Indio Solari planteaba un interrogante existencial insondable: ¿Habrá después? Él ya sabe la respuesta, y de paso nos legó otra certeza: no habrá después igual sin él.

    ¡Gora Indio! Y gracias por cambiar definitivamente nuestros destinos.