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  • A continuación la entrevista editada realizada por el periódico El Espectador a Julieta Lemaitre, magistrada de la Sala de Reconocimiento de Verdad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el mecanismo de justicia transicional creado en el marco del Acuerdo de Paz de Colombia. El diálogo tuvo lugar tras una serie de ataques y campañas de hostigamiento en redes sociales dirigidos contra la magistrada, en los que participaron, entre otros actores, integrantes del Senado de ese país.

    Acá se puede ver la entrevista completa del Espectador, publicada el 14 octubre del 2026

    La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha estado en el centro de las conversaciones en Colombia. Primero, por la discusión de su presupuesto; luego, por proyectos que buscan reformar la Constitución para cambiar algunas de sus competencias; y ahora, por algunos señalamientos contra funcionarios de la justicia transicional. Una de estas personas es la magistrada Julieta Lemaitre Ripoll, quien ha liderado las investigaciones contra la antigua guerrilla de las FARC.

    La senadora María Clara Posada recientemente publicó unos videos de audiencias reservadas al inicio del proceso contra el último secretariado de las FARC. En ellos, Rodrigo Londoño, conocido como Timochenko, negaba las torturas a los secuestrados y hablaba de su seguridad de no ir a la cárcel después del acuerdo de paz, estando en la JEP. ¿Qué fue lo que realmente sucedió en esas audiencias? Eso fue en 2019.

    Fue la primera diligencia que se hizo en la JEP. En ese momento ni siquiera teníamos un salón para hacerla. Estábamos haciendo interrogatorios en un momento de tensión muy alta en el proceso de paz y enorme presión. Y nadie nunca había hecho esto antes.

    Decidimos que arrancábamos con las diligencias judiciales. Pero ¿cómo se hace cuando es una ley que nunca había existido y eran unos procesos que nunca habían existido? Yo soy muy estudiosa y me puse a estudiar las diferentes formas de interrogatorio policial. Hay dos escuelas. Una es más vieja, se llama el método Reid y es liderada por Estados Unidos y sus agencias. En el método Reid, lo que se busca, como en todos los interrogatorios policiales, es la confesión, y se busca a través de la intimidación del interrogado.

    La otra escuela es más nueva y empieza a desarrollarse en los años ochenta en Gran Bretaña, porque el método Reid resulta en muchas confesiones falsas, y después hay personas que demandan al Estado por tortura por el uso de ese método.

    Cuando arrancamos, el Relator sobre la Tortura de Naciones Unidas, que era Juan Méndez, había sacado hace poco una guía de cómo debía ser el interrogatorio policial, adoptando el método británico, que es más moderno. El método británico se llama el método PEACE.

    ¿Y cómo se aplica? Primero, uno prepara muy bien su caso, lo cual requiere una investigación muy profunda, porque el caso no depende del interrogatorio.

    El interrogatorio entonces es un espacio en el cual lo primero que hay que hacer es que el interrogado se sienta en confianza, que se sienta tranquilo. Son interrogatorios que duran mucho tiempo: duran días, semanas. Se vuelve a interrogar a la persona, uno la escucha y le presenta la evidencia que tiene en diferentes momentos. En ese diálogo uno tiene que generar una conversación. El modelo es un poco como hace un periodista. Tú no llegas a entrevistar a un dictador y le dices: “Ah, usted es un dictador, ha matado a una cantidad de gente, ¿sí?”. Tú llegas y en algún momento de la entrevista le dices: “Mire, dicen que usted ha matado a mucha gente; aquí tengo la prueba. ¿Usted qué dice?”. Y lo vas llevando al momento que quieres. Así se aplica el método PEACE. Es mucho más ético porque no depende de generar terror o miedo en la persona.

    En la JEP ha habido aplicación de ambos métodos. Los dos, técnicamente, son igual de efectivos para obtener confesiones. Con la manera como yo lo aplico, hasta ahora hemos obtenido cien por ciento de confesiones.

    Cuando va avanzando el interrogatorio, la persona ve que hay mucha evidencia y que no la puede negar. Generalmente, en las primeras sesiones, la persona lo niega. El rol del investigador, que ha preparado muy bien el caso, es escuchar, escuchar e ir contrastando.

    Lo que sacaron en estos videos son 30 segundos de un interrogatorio que duró dos días.

    Uno de los enormes retos del trabajo es que, si bien el mandato legal es la publicidad desde el primer momento —lo que no es usual—, generalmente la primera parte de la investigación de la Fiscalía es reservada. Ya sabíamos y sabemos que es súper revictimizante., porque en las primeras sesiones la persona interrogada va a justificarse. Y la aplicación del método requiere que la dejes decir lo que va a decir, que se justifique todo lo que quiera. Luego empieza el diálogo: “Mire, usted dice esto, pero yo tengo esto. Usted dijo esto hace dos días, pero tenemos esto”.

    Usualmente los primeros pasos son la justificación. Para las víctimas es muy revictimizante oír esa justificación. La única razón por la cual le puse reserva a esas primeras sesiones es porque habíamos estudiado con el equipo —que es interdisciplinario e incluye psicólogas— el efecto que podía tener sobre las víctimas la aplicación de este método.

    Además de esas declaraciones de Rodrigo Londoño, hay uno de los videos en los que se la ve, por un par de segundos, riéndose en la conversación con los exjefes de las FARC. ¿En qué contexto sucedió eso, magistrada?

    Era la primera versión. Podemos decir que yo era una persona más feliz en 2019 de lo que soy ahora.

    En realidad, había mucho temor de que le fueran a hacer un atentado a Rodrigo Londoño. No solo eso: no se sabía si la guerra había parado, teníamos medidas de seguridad muy estrictas. Había varios cinturones de seguridad. Teníamos un tema de seguridad grande. Y, de repente, entra al salón la señora del café, que nadie sabe quién. A mí me dio risa el absurdo de haber preparado tanto todo un operativo se seguridad y que la señora del café entrara como si nada. Fue un error que no volvimos a cometer, pero en su momento me dio risa lo absurdo.

    El humor baja la tensión y el método requiere que se baje la tensión, sobre todo en estas primeras sesiones. Generalmente no usé el humor de manera deliberada, pero, si se ve todo, una parte muy importante del método es el respeto.

    ¿Se arrepiente de haber tenido ese gesto, magistrada?

    Pues, si hubiera sabido que iba a pasar esto claro que no —no fue deliberado, fue espontáneo—.

    Me acuerdo de otro momento en que me dio risa, aunque no sé si me reí en ese momento. Él dice que leía en la infancia y que se escondía a leer. Parte del método es reconstruir la vida de la persona y escuchar al interrogado durante mucho tiempo. Está basado en la ciencia, en el sentido de que una persona no puede sostener científicamente una mentira durante mucho tiempo. En un contexto de confianza, la aplicación del método, al parecer da muchas ganas de sincerarse.

    Si uno lo piensa como psicólogo: le llega, le dice una cosa, pero después de mucho tiempo es difícil decirle mentiras. Esa es como la premisa. Entonces escuchamos toda la vida y él dice que se escondía a leer. Pensé que iba a hablar de alguna lectura comunista y me dijo que se escondía a leer a Vargas Vila, que era como la pornografía de la época. Entonces me pareció cómico aunque so sé si me reí en ese momento. Yo esperaba que fuera algo militar o político y me sale con Vargas Vila.

    Ahora, te voy a decir por qué doy esta entrevista. Me dicen que, si salgo a darla, eso anima a todos los bots que van a volver a sacar cosas horribles de mí, que van a hacer videos de inteligencia artificial. Diga lo que diga, en un contexto de propaganda política, la verdad no importa. Pero a mí me parte el alma —y de verdad me hace llorar— lo que esto les hace a las víctimas.

    Justo quiero hacerle una pregunta en esa línea de las víctimas. La expresión, el gesto de ese video que estaba circulando, ya ha dolido a muchas de las víctimas de las FARC. ¿Qué decirles hoy ante ese dolor que sienten?

    Durante todo el proceso estudiamos y protegimos mucho a las víctimas de las FARC, sobre todo a las de secuestro. Entendemos el cuadro de afectación; es parte de la imputación.

    Me pasé casi dos años oyendo a víctimas de todo tipo de secuestros, documentando las torturas a las que fueron sometidas. Documentamos a las personas que las violaron, hombres y mujeres. Todo eso lo documentamos y lo imputamos.

    También aprendí a conocerlas. El secuestro, y más el secuestro que se demora mucho tiempo, genera un estado de alerta y de miedo que vuelve. Me acuerdo de un señor que me decía que, si hoy en día, después de 20 años, lo tocaban de sorpresa, le daba un ataque de pánico. “Todavía hoy, doctora, yo ya me quedé así”, decía.

    Parte de la afectación es esa alerta y esa angustia que, en cualquier momento, se disparan. He recibido mensajes y mi despacho está intentando contener a personas que, al ver estos recortes de los videos, con la negación que hace Rodrigo Londoño de la tortura el primer día de todo este proceso, entran en estados de pánico y reviven todo el horror.

    Lo que es aún más dañino es que la confianza que yo me gané oyéndolos durante tanto tiempo, retomando sus palabras, imputando esos crímenes y poniéndoles nombre —nunca había pasado que se imputaran también la tortura, la violencia sexual, los trabajos forzados; nosotros vimos que eso era esclavitud, el Tribunal luego dijo que no—, toda esa confianza que se ganó con mucha dificultad, durante años de escucha y profundo respeto por el sufrimiento de las víctimas, se deshace con 30 segundos del primer día.

    Yo sé el daño que eso hace. Un efecto del trauma es que uno se queda, o parte del cerebro de uno se queda, reviviendo lo que pasó. No es toda la persona; es como una parte que queda en el miedo, en el dolor. Luego hay otras partes de la vida que se van recuperando. Esa parte que se queda volviendo ahí, de alguna manera, se queda en el pasado. Es como estar viviendo tu vida, pero una parte de ti no está aquí, no está ahora: está en el horror. Y en cualquier momento vuelve a ti esa parte.

    Entonces, hicimos un esfuerzo muy deliberado. Primero, por si se les mostraba esto a las víctimas, hacerlo con acompañamiento. Las organizaciones que las representan también han tomado metodologías para acompañarlas.

    Otra cosa que hacemos de manera muy deliberada es estructurar tanto la escucha como la manera en que se presenta el relato en el tiempo. Si la persona nos cuenta lo que le sucedió durante el secuestro y uno ve que está afectada, la trae al día de hoy, por ejemplo; porque hoy no les está pasando nada. Hoy están seguras. Parte de lo que se hace en terapia es estructurar para que el pasado quede en el pasado y la persona no lo esté reviviendo constantemente.

    Lo que hacen con la circulación de este video es un daño enorme a las víctimas porque, al ver a Rodrigo Londoño decir que no hubo tortura, vuelven al pasado. El daño emocional y mental que esto causa es tremendo. Yo recibí —hay víctimas a las que les he dado mi teléfono personal— un mensaje de una persona que claramente estaba sufriendo: “Mire, yo no he podido dormir”. Me parece de una bajeza y de una crueldad. Por eso estoy aquí.

    Si ayuda, quiero decirles de nuevo que recogimos y escribimos todo su sufrimiento; que es parte del caso; que los escuchamos con atención; que se imputó la tortura; que sí hubo tortura, y eso no lo pueden negar: ya lo aceptaron.

    Esta semana se ha movido una campaña, digamos, de linchamiento en su contra por estas declaraciones de las que estamos hablando, que en gran parte están relacionadas con una herida muy profunda que tiene el país, de muchos años de violencia. También con una herida relacionada con un Acuerdo de Paz que hace justo 10 años perdió. ¿Qué puede hacer entonces la JEP para tratar de mediar en esa herida y para no ignorarla?

    No sé. Si supiera, lo haría. Yo creo que personalmente he intentado todo lo que está en mi poder. La gente piensa que… No sé qué piensan.

    He intentado todo. Me piden que haga cosas que serían ilegales si las hiciera, porque yo me rijo por una Constitución y una ley. Si el Congreso quiere cambiar las leyes, que las cambie. No entiendo por qué tienen que destruirme a mí para cambiar una ley. No entiendo por qué tienen que hacerle tanto daño a las víctimas para cambiar una ley, si son la rama legislativa. Que presenten un proyecto, consigan los votos, cambien la ley y que la Corte Constitucional decida si eso es constitucional o no.

    Realmente no sé qué hacer y no entiendo por qué, para lograr el cambio de ley que quieren, tienen que destruirme a mí. Porque a mí también me destruye.

    Usted hablaba hace un momento de las razones que hay detrás de ese abismo entre las primeras declaraciones de Rodrigo Londoño y lo que se ve luego, cuando ya hay un reconocimiento de responsabilidad frente a las víctimas. Tal vez ese abismo sea difícil de comprender para algunas personas ¿cómo explicárselo de la forma más sencilla?

    Es que lo que sé hacer es investigar. Yo no tomo la decisión final, yo hago la investigación. Soy la persona que creo que más ha investigado en este país los crímenes cometidos por la guerrilla. No todo lo que pasó en el conflicto armado, pero sí los crímenes cometidos por las FARC, que más les ha preguntado a las víctimas qué les pasó.

    Ya he sacado nueve imputaciones muy detalladas de distintas regiones. He documentado la afectación a las personas, a las familias, a las regiones. Los hemos calificado, con mi Sala, como crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Todo eso se ha imputado y se le entrega al Tribunal de Paz para que tome las decisiones. Eso es lo que yo puedo hacer.

    No sé cómo aliviar el dolor de una persona cuando llega a ese nivel. Eso es una especialidad de afectación emocional. Yo tampoco sé hacer propaganda política. Ni siquiera sé comunicar. Yo sé hacer una investigación, sé mirar las pruebas, los expedientes y los archivos; me conozco la ley y sé cómo calificar jurídicamente. Y, honestamente, lo hago muy bien. Me he ganado reconocimientos. He tenido gente que viene de las universidades más prestigiosas del mundo a estudiar cómo lo hago. Y tengo un equipo maravilloso con el que hemos aprendido juntos.

    Yo sé investigar, sé imputar y sé hacerlo con estándares de respeto por los derechos humanos. Eso es lo que hago.

    En una de las publicaciones de la senadora Posada, ella hace un cuestionamiento muy directo sobre por qué estas audiencias son reservadas. Usted lo explicaba hace un momento.

    Hoy en día no tienen reserva. Eso de pronto fue un error. Yo les puse reserva al inicio por su potencial revictimizante. ¿Qué quería decir reserva? Que solo las víctimas tenían acceso, pero no el público en general.

    Es un proceso que se hizo, además, de la mano de las víctimas, porque una de las cosas que más convence a los perpetradores de reconocer su responsabilidad es el rostro y la humanidad de las víctimas. Lo hicimos con ellas, se logró y lo que se difunde son 30 segundos de un proceso que duró varios años. Ya terminamos las investigaciones en secuestro. El proceso incluyó a todo el país y también la imputación a muchos mandos medios como máximos responsables, quienes lo han venido reconociendo y a quienes la ley les dio una segunda oportunidad.

    Usted menciona que ya terminaron las investigaciones sobre el Caso 01, que es el caso de secuestro, ¿no? Una parte muy importante de los opositores de la JEP dice que la justicia transicional ha sido condescendiente con la antigua guerrilla de las FARC y ha tenido mano dura con los militares. ¿Cuál es su postura frente a esas afirmaciones?

    Condescendientes no hemos sido con la guerrilla. Ha habido un trato ético, respetuoso de los derechos humanos y dentro del marco de la Constitución y la ley, como parte de un proceso de reincorporación que no contemplaba cárcel, sino el reconocimiento cara a cara y unos trabajos que debían tener un sentido reparador. Eso es lo que está en la ley y eso es lo que hace y puede hacer la JEP.

    Creo que la gente se confunde o se deja confundir, porque una vez más estamos en un régimen de propaganda política, aumentado por la tecnología del teléfono. Identifico que la verdad no importa, porque lo que importa es ganar un partido: que tu equipo gane y que el otro pierda.

    Se mezclan cosas. Por un lado, está todo este río de la política, donde se utiliza la propaganda para acabar con el opositor, con su carácter moral. Eso no es nuevo. Hay antecedentes históricos de lo que quiere decir acabar con el carácter moral de una persona buscando un fin político. Lo que es nuevo es hacerlo a través del teléfono, con videos e imágenes falsas. Generalmente, lo hacen los políticos unos contra otros. Acá lo están haciendo contra un juez investigador, un fiscal o los periodistas. Uno queda atrapado en un oficio, en un juego que no es el de uno: el de la política y sus odios.

    Por otro lado, está una realidad: el enorme dolor que carga la gente hoy. La gente sigue cargando el enorme dolor del conflicto y, para muchas personas, es el secuestro. Por cada persona secuestrada hay decenas, si no más, de personas afectadas personalmente. Estamos hablando de la familia, los amigos, el barrio, y de gente que cambió su vida y sufrió para que no la secuestraran. Todo ese sufrimiento no está allí.

    Son cerca de 22.000 casos, ¿no?, los que usted ha documentado.

    Hay como dos niveles de documentación. Uno es investigar todas las listas de la gente que dijo a la Fiscalía que la habían secuestrado, o que se lo dijo a la ONG País Libre, o de la que en algún momento hay un registro con su nombre y su cédula como persona secuestrada. Esa cifra era de casi 22.000. Y luego están las personas que vinieron a que las escucháramos, que son un poco más de 4.000.

    Muchas de ellas aún no se sienten completamente reparadas. ¿Qué decirles?

    Una parte es la reparación monetaria, que la JEP no da ni puede dar. Si yo ordenara darle plata a alguien, terminaría en la cárcel. ¿Quién la tiene? El Gobierno. En ese sentido, hay un tema de reparación y ahí hay diferencias entre las víctimas: hay unas para quienes 20 millones de pesos colombianos les resolverían la vida, y otras que dicen que eso es plata de bolsillo.

    Otro tema es sentirse emocionalmente reparado. Uno de los lugares donde me invitaron a dar una clase fue en Argentina, donde han sido muy duros con los militares de la dictadura. Es cadena perpetua. El dictador Videla murió en la cárcel, a los más de 80 años, en unas condiciones muy humillantes: se cayó en un baño, no recibió atención médica y, cuando lo recogieron, ya se iba a morir. Entrevistan a las víctimas y les preguntan si están contentas de que haya muerto. Y no están satisfechas.

    Para ir cerrando ¿qué ha podido entender de eso en las investigaciones que ha hecho?

    He podido entender distintos niveles. Una cosa es cómo funciona la ideología para deshumanizar al otro y permitir la violencia. Hacerle daño a alguien va en contra de la naturaleza humana. Creo que naturalmente somos compasivos. Además, los colombianos somos, por lo general, muy sociables: nos miramos a la cara, queremos hablar.

    Una de las cosas paradójicas del secuestro es que la guerrilla tenía que prohibirles a los guerrilleros hablarles a los secuestrados. Cuando les preguntaba en el interrogatorio por qué se los prohibían, decían que porque se empieza a crear un vínculo afectivo. Creo que esa es la naturaleza humana: la compasión.

    ¿Cómo puede uno trabajar en contra de la naturaleza para que la gente se mate y crea que está bien matarse? Es el mecanismo de la ideología, que tiene como un paso a paso. En toda la documentación judicial del conflicto está esto.

    El primer paso, si quieres que la gente se mate, es convencerla de que hay la posibilidad de un mundo mejor. Le pones el contenido que te parezca: el fin de la pobreza, el reino de Dios en la tierra, cualquier cosa. Pero es un mundo mejor. Y tienes que convencer a la gente de que ese mundo es posible y que está por llegar pronto.

    Después tienes que convencer a la gente de que, si no hay un mundo mejor, es por un enemigo, uno solo. Y la única solución es eliminarlo.

    Luego, para que la violencia realmente tome vuelo, tienes que entrenar especialistas en la violencia. Tienes que convencer a todo el mundo de que está bien acabar con ese grupo, porque es el grupo que impide el mundo mejor. Y tienes que entrenar a gente que se especialice en matar, torturar y hacer la guerra.

    A esa gente la tienes que entrenar para que acepte hacer eso. El entrenamiento de un torturador, por ejemplo, es muy complejo. Tienes que convencerlo de que es necesario, de que hay que acabar con el enemigo, de que, aunque a veces le den escrúpulos al ver el sufrimiento, hay que acabarlo. Y sueltas eso. Es una máquina de guerra que no tiene fin.

    La aplicación de eso en Colombia pasa por todas las maneras como tú puedes formular cuál es el mundo mejor, cómo puedes formular quién es el enemigo que hay que acabar —que casi deja de ser un ser humano, porque hay que acabarlo— y por la necesidad heroica de superar los propios escrúpulos para lograr ese mundo mejor.

    Siempre hay gente que es una minoría que está en eso para sacar ventaja personal. Pero lo que he aprendido es que esa no es la mayoría de la gente que entra a la guerra. La mayoría tolera que se humille, se maltrate y se destruya física y moralmente porque piensa que es necesario, que hay un enemigo al que hay que eliminar.

    Eso lo he aprendido en abstracto. También he aprendido por qué cañones pasan los ejércitos, cuáles son los ríos que recorren los territorios, cuáles son los pueblos más afectados, cuáles son los lugares cocaleros. Es toda la geografía humana y física del horror.

    Y también está el aprendizaje del dolor de las víctimas.

    Sí, oír tantas historias de dolor te puede destruir, pero también aprendes, a través de la compasión y de la empatía, a ser mejor persona. Aprender de la resiliencia y la fortaleza de las víctimas.

    Todo se pega: el sufrimiento y la angustia. A veces uno está oyendo a la persona que volvió a ese momento de horror y uno solo de oírla está ahí con ella. Una vez me pareció ver fantasmas, porque era un campesino que contaba que las FARC le habían desaparecido a tres hermanos. Me pareció verlos allí.

    Pero también se te pega la admiración por su generosidad, por su valor y por toda la gente que ha optado por el camino del perdón.

    Gracias por habernos acompañado en Entrevistas de El Espectador.

    Gracias a ustedes por escucharme. Este mensaje es para las víctimas: lo que se muestra en ese video de segundos es un momento del interrogatorio, que es una técnica de interrogatorio, algo de 2019, y que si están sufriendo en este momento, busquen ayuda.