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  • Un día antes de la Marcha por la Universidad Pública, día que promete ser épico, el presidente decidió otro mega recorte del gasto público a los y las estatales: “Ante la continua baja de la recaudación impositiva nacional y la necesidad de preservar el superávit fiscal, el Gobierno nacional dispuso un amplio recorte del gasto público que afecta a áreas sensibles como educación y salud, además de continuar recortando los fondos comprometidos con las provincias.” (La voz del interior, 11/5/2026) Así amanece este 12 de mayo, en plena tensión.

    La política de confrontación

    “Es una provocación”, dicen algunos periodistas al comentar el timing del recorte, “yo acelero en las curvas”, recuerdan que dice el presidente. Todo parece un poco una locura. El fervor de la marcha que se viene, la angustia atragantada por la insaciable sed de humillación de parte del presidente. La “motosierra” puso en situación crítica a todos los servidores públicos. No fue solo la Universidad, fue toda la educación, la ciencia, la salud, la seguridad, los sistemas de atención en general. ¿Acaso confiaban en que estos servicios no le importaban a nadie? ¿qué se podían aniquilar en etapas, sin resistencia? Empiezo a sospecha que no, que lo que se busca es justo eso, el choque con esas resistencias. Y el gobierno chocó contra el sentido común sobre las universidades y sobre las prestaciones por discapacidad, pero no quedó noqueado. Se levantó de un salto y plantó resistencia a las dos leyes del Congreso. Y cuando parecían acorralado por el sentido común republicano de una medida cautelar, consiguió un tiempito extra gracias a la Sala III, de la Cámara Contenciosa-Administrativa Federal que le dio un changüí (como se dice en guaraní). ¿Tiempito para negociar? No, de ninguna manera, para volver a acelerar en la curva. La Cámara le concedió un “recurso extraordinario contra una medida cautelar”, eso que en la Facultad te enseñan que no se puede hacer, y mostró, que cuándo sos “la” Cámara, lo que se puede o no se puede, es lo que vos haces. Y se aseguró, además, de dejar en la nebulosa los efectos de ese recurso. Así la medida re-validada por todxs, quedó suspendida de hecho, y la dueña del “futbol” se sacó de encima el expediente en dos minutos de reloj. Ya está en la Corte, el expediente de las universidades llegó a la cueva del oso que está invernando hace dos años. ¡Que frío debe hacer ahí!

    Mientras tanto, la Marcha se prepara como una escena colosal, la energía densa y caliente quiere llegar a la cueva y despertar al oso. Pero lejos de hacer temer al gobierno, la escena parece estimularlo. Su frase en los diarios de ayer fue que “la marcha es política”, y ahí nomás apretó el gatillo de la motosierra, y fue por el 2% de toda la estructura de servicio estatal. Es claro que la estrategia es atizar la tensión simbólica. Obligar a decidir si sos amigo o enemigo, basta de tontear con Adorni. Como nos enseñaron los militares con tanta crudeza, el otro es un “subversivo”, si lo escuchas, si lo pensas como un humano, vos sos un “idiota útil” que atentas contra un nosotros, contra “la gente de bien”.

    Quizás es tiempo de empezar a ver que no se trata sólo de disciplinar a los propios, ni mucho menos de amedrentar a los ya sacrificados. El gobierno sabe que a esta altura hay menos miedo, y que la disciplina de los propios trastrabilla. Lo que busca es radicalizar los términos del debate para mantener a los comedidos al margen, para delimitar la línea de fuego, y sobre todo, para desestimular el despertar de los resortes de la República. Quizás debamos advertir, antes de que sea demasiado tarde, que la política simbólica es la de hacer creer que esto no es un asunto del Congreso o de los Tribunales, sino de las fuerzas de seguridad. No sé cuándo, pero esta peli alguien ya me la contó.

    La guerra de pobres contra pobres como esclusa

    Hay algo más en el recorte que se anunció ayer. Algo que muestra que la política simbólica del gobierno no es solo de confrontación radical, sino de “confrontación horizontal”. Milei supo transformar la bronca de los oprimidos en un reclamo “contra” la justicia social. Esa fue su magia, y no es poca. La culpa es del que se salva a lado tuyo. De ese que es como vos y se salvó porqué sí. El recorte del 2% (le hubiera gustado el 3%, pero ya tenía canción) fue parta Todxs, con mayúscula. No fue sólo contra la Universidad, fue contra el “símbolo” de la “casta”. La Libertad Avanza, como ningún otro partido, entendió lo que otros no: “quien era la casta” para el que sufre la opresión de las injusticias sociales. La casta son los que se salvan a lado tuyo, y encima, te vienen a hablar de justicia social. Por eso “la justicia social es una aberración”, porque es la aberración que construyó a la casta que tenes a lado. Esos que ves todos los días. El estatal, el profesional, el profesor, el kioskero, el jefe de la fábrica, hasta la maestra y el policía. No son servidores públicos, son los salvados por la “aberración de la justicia social” que a vos te dejó afuera. Mientras la prensa y los analistas creían que la casta era la clase política, los seguidores de Milei siempre supieron que la clase política era sólo la casta a la que se enfrentaba su líder. La casta del pueblo es el otro pueblo, el de los salvados.

    La épica del enfoque

    La épica de derrocar a la casta está vivita y coleando. Fue un error creer que esa épica intentaba desenfocar al ciudadano de las injusticias sociales y volcarlo contra la clase política. Por el contrario buscaba “sobre enfocar” las injusticias sociales, reducirlas al sentido común más restringido posible, encender el sentido de injusticia local retributiva, hambrienta, desenfrenada. El mismo sentido de injusticia que en otros tiempos fue revolucionario, se transformó en el goce sádico frente al espectáculo del derrumbe de los salvados. Solo la educación puede sacarnos de este sobre-enfoque autodestructivo. Solo una educación empeñada en hacernos ver más allá de nuestras pasiones contextuales, del placer de la rapiña, de la cómoda oscuridad de espectador en su revancha. Solo la educación puede entrenar el músculo de la reflexión sobre la propia experiencia, aceitar las articulaciones de la imaginación para avanzar hacia mejores explicaciones, y darnos el vigor de un/a ciudadano/a que enfoca con plasticidad, que no deja de buscar un paisaje de futuro. La democracia se nos desgrana entre los dedos si no conseguimos una ciudadanía que enfoque su propia experiencia con mejores herramientas, que pueda imaginarse futuros diferentes. Y a la democracia, una vez más, sólo la puede salvar la República. Las instituciones no están para invernar, señores jueces de la Corte, están para defender al soberano del poder sin límites. Así que sí, esta es una “marcha política”. Se marcha por la educación pública, que es la política más republicana de todas !!!